el de las personas tóxicas

El verano es ese tiempo de descanso y desconexión en el que se recargan las pilas para afrontar un nuevo curso/ período laboral o loqueseaquehagas de septiembre a julio para poder comer. A veces la vida, que es muy puta malvada, tienes otros planes para ti. Ya sabéis lo que dicen: “El hombre propone y Dios dispone”. Dios o El Universo o Buda o lo que queráis creer. O la casualidad o el destino, si es que no creéis en nada.

Los periodos en los que esperas que todo sean risas y ronquidos, si se tuercen, es cuando más te afecta todo. Un mal agosto no es lo mismo que un mal febrero, porque febrero es uno de esos meses anodinos de los que nada se espera. Si a unas expectativas rotas le añadimos personas tóxicas a tu alrededor, empiezan a llegar a tu cabeza todo tipo de impulsos suicidas del tipo pegarte un tiro, tirarte por el balcón, saltar delante de un camión y/o ver tele5 en bucle hasta que el cerebro se autoproteja con un encefalograma plano. Os acabo de revelar el porqué de tanta gente subnormal, de nada.

¿Pero qué es una persona tóxica? Si habéis tenido la suerte de escapar de esas personas que entran en una habitación donde todo estaba bien y se respiraba oxígeno, y, de repente, se seca tanto el ambiente que sonríes boca abajo porque la gravedad de la Tierra te atrae hacia su centro con más fuerza que nunca, ¡enhorabuena! O quizás seas tú el tóxico, reflexiona. Esta persona, además, no es consciente de su superpoder y va por la vida creyéndose ser un mortal más. Bueno, excepto porque está convencido de que el mundo está en su contra. Y por el hecho de que está en posesión de la verdad absoluta. ¡Ah! y porque es superior al resto de la gente (claro, tiene el superpoder de secar el aire, no lo olvidemos).

Es tal el agotamiento de tratar con estas personas que te dejan pocas opciones. Bueno, en mi opinión sólo dos: respiras hondo, pones el disco en off e ignoras lo que está pasando, o te alejas. Te alejas mucho. A muy muy lejano. Y es que las personas tóxicas lo son, no tanto por su comportamiento autodestructivo en sí, sino por lo tóxico de su compañía: acabas siendo uno de ellos. Vacunarte contra su toxicidad es algo así como no abrirle puerta a un testigo de Jehová: ser amable no te hará daño pero escucharles durante horas puede convertirte.

Yo no he tenido vacaciones pero he aprovechado para alejarme de las personas tóxica o he aprendido a ponerlas en off cuando no me queda otra opción. Ahora todo es mucho mejor, respiro oxígeno y la gravedad que atrae a mi cuerpo al suelo ha vuelto a ser de una aceleración normal de 9’8. ¡Oh! qué gran agosto. 

El de los recuerdos

La vida sería imposible si todo se recordase. El secreto está en saber elegir lo que debe olvidarse.

Roger Martin du Gard.

¡Ah! Los recuerdos… Qué fácil es caer en la nostalgia de un tiempo anterior en el que fuimos más grandes, más felices, más fuertes. Cuando las cosas nos empiezan a ir mal, pasamos una mala semana, un mal mes, un mal año, empezamos a pensar automáticamente en todo lo que teníamos en el pasado y hemos perdido. ¿Por qué no puede ser todo como antes? Como antes no funcionaba o no se habría acabado.

Lo que se dice, tan a la ligera, de que sólo de lo malo, se aprende, es totalmente cierto. Sólo cuando tienes miedo puedes ser valiente, sólo ante la adversidad puedes ser fuerte. Sólo luchando puedes medir tus fuerzas. No pasa nada por volver la vista atrás, los momentos de felicidad son muchas veces, el único impulso que nos anima a seguir. La esperanza de saber que si fui feliz, si me sentí querido, si amé de verdad, si la vida me sonrió, entonces, con mucha probabilidad volveré a sentirme así. Y tener periodos bonitos que recordar, es mucho más de lo que puede decir mucha gente.

Es aquí donde reside el tema más importante: estar seguros de que volveremos a sentirnos vivos. Y cuidado con lo que nos decimos a nosotros mismos, el subconsciente es muy poderoso. El subconsciente habla otro lenguaje, uno mucho más complejo, el de los pensamientos. Tanto si crees que eres capaz como si crees que eres incapaz, es cierto. Ambas afirmaciones pasan a ser verdad porque tu vas a creerlo así. ¿Qué os parece si empezamos a creer que todo va a ir bien y que todo lo que perdimos o cambió, va a ser para mejor?

Hay momentos muy duros en los que se deja de ver la luz al final del túnel, pero no os abandonéis. Aprovechadlo para crecer porque de verdad, toda mala racha de mierda acaba pasando. Vuestra actitud en estas situaciones os define y determinará el cambio. Alejarse de lo que te hace daño, mirar con confianza tu futuro y no agarrarse a un clavo ardiendo. Hay una frase de una canción de Love of Lesbian que dice “que el fallo más grande pasó por guardar solamente los días más gratos y olvidar los demás“. Y esto es clave, porque tenemos tendencia a romantizar relaciones de mierda el pasado pensando que todo era perfecto cuando, en realidad, había cosas buenas y cosas malas, cosas que no nos gustaban y que con la distancia, hemos ido olvidando, porque nuestra memoria es benévola y sabia. Por eso es importante vivir siendo conscientes de nuestra realidad presente y pasada, para que nuestra realidad futura sea la mejor posible.

Y sobre todo, no te enamores de los recuerdos, las cosas nunca volverán a ser igual. Serán mejor.

El del sankofa

Llevo oyendo hablar mucho tiempo ya sobre la “zona de comfort”. Cuanto más he leído sobre ella y más la he entendido, más me he dado cuenta de que yo no tengo una. He salido tanto de mi zona de comfort que al volver a ella, ya no estaba. Voy a arriesgarme a convertirme en algo así como la sombrerera loca de las zonas de comfort diciendo que mi zona de comfort dejó de serlo cuando me di cuenta de que mi ansiedad era neutral (parámetro que define la zona de comfort) fuera de ella y que por tanto, de tener una, estaba fuera de la zona de comfort entendida como tal. Sí, he tomado drogas mucho té con pastas.

Vamos a ponernos en situación. Se supone que el miedo a salir de tu zona de comfort por si acaso al volver ya no existe, es un temor falso. Que lo único que sucede es que se expande y el cambio se traduce en tu propio desarrollo. Que tras la zona de comfort, está la zona de aprendizaje, esa que tanto me gusta a mí, y que la zona de comfort se irá haciendo más grande conforme expandas tu zona de aprendizaje. Que para perseguir tus sueños, hay que salir ahí fuera, fuera de la zona de comfort. Le llaman “la zona mágica”.

Yo he tenido que volver a mi zona de comfort y no encuentro un nivel de “ansiedad neutral”. Porque nada está como lo dejé. Y estoy intentando salir de nuevo pero ahí fuera son los Juegos del Hambre. Espero llegar rápido a la cornucopia o jamás sobreviviré para llegar a la zona mágica. La zona mágica o la zona de pánico, según quien la mire. Que se nos anime al cambio está muy bien porque, aunque asuste, como dice mi amigo Rubén, lo que da miedo de verdad es que todo siga igual, siempre; pero a los que nos animaron a salir, se les olvidó añadir que no pasa nada si no sale bien. El salto al vacío sigue siendo un suicidio y no olvidemos que la caída está prácticamente garantizada, por mucho que estén de moda los discursos motivadores. Y esto es lo que quiero decir precisamente, que podemos volver siempre, con más o menos suerte, y que volver no es malo.

Se nos ha enseñado que dar pasos hacia atrás en la vida es un fracaso, que nunca hay que volver la vista atrás. ¡Qué error tan grande! Así es como sucede que todo lo malo se repite. ¿Cómo vamos a aprender o a tomar distancia y valorar nuestras experiencias, si no se nos permite volver? Por eso me encanta el término africano “sankofa”, literalmente algo así como “volver para cogerlo”. Está bien volver para recuperar lo que se ha perdido u olvidado, para coger impulso, para corregir un camino que se desviaba. No pasa nada, no has fracasado ni muchísimo menos eres un fracasado. El cambio es bueno y lo que encontraste que pensabas que era bueno, quizás no lo era tanto o podía ser aún mejor. Has aprendido del batacazo y ahora eres más fuerte, y al final, es mejor que no te sientas cómodo al volver porque eso te dará el empujón para seguir. Tu zona de comfort puede dejar de serlo, otras que no lo eran porque te daban miedo, pueden convertirse en ella y mientras estés activo, tengas ganas y luches por lo que quieres, tranquilo, llegarás donde te propongas. No rebajes la altura de tus sueños porque puedes volar aún después de haberte caído, las veces que quieras y en primera clase.

Y si no sabes por dónde salir, sal por la puerta. Te estamos esperando fuera.

El de los porteros engreídos

Esto no le pasa al amigo de mi amigo. Esto me pasa a mí, lo confieso abiertamente. Y me pasa dos veces por semana. Tenemos alquilada una plaza de garaje en otra parte de la ciudad, cerca del trabajo y el gimnasio. Está en un edificio, digamos, privilegiado. El portero sabe que no vivimos allí, que somos pobres y simples arrendatarios de una plaza de garaje. Es más, al principio incluso puso problemas a los propietarios de la plaza para alquilarla.

Cada día que he usado esa plaza, he subido con el ascensor y llegado al portal, he dicho “hola”, y he dicho “adios” cuando volvía a hacer el proceso inverso. Y cada día he recibido silencio como respuesta, alguna cara rara y muchas miradas a la mesa. Seguro Es posible que yo sea una especie de ninja súper sigiloso cuya presencia es imperceptible para el portero. Hay muchas probabilidades de que esto sea así porque he presenciado como saludaba y despedía a vecinos del edificio.

Entiendo que un portero tiene muchas cosas que hacer además de saludar, pero una de esas cosas no es mirar a la pared. Sinceramente, sigo saludando por aquello de que “el saludo dignifica a quien lo da, no a quien lo recibe”, pero un día iré directa a él y me veré obligada a preguntarle si es que mi presencia le deja mudo. Esta explicación es la que más me contenta.

No es el hecho de que esta persona me ignore o incluso me mire con desprecio. Supongo que pensará que como no pago su sueldo, tampoco merezco su educación simpatía. Y en general, portero o no, estoy cansada de la gente que es así. Esas personas que te miran por encima del hombro, que no sé qué se creen, que piensan que hay personas que valen más que otras, y por supuesto, ellas valen las que más. ¡Qué falta hace hoy en día una buena dosis de humildad! Deberían recetarla los médicos y dispensarla en las farmacias. En fin, la educación escasea y la prepotencia está a la orden del día. Como dice mi amiga Sandra, tratar de tontos a la gente buena, ayuda a que el mundo se llene de hijos de puta malas personas. A esta gente sólo les puedo decir que cuidado, nunca sabes a quién estás despreciando. ¡Ah! Y el karma, el karma es lo más jodido.

Y a veces está otro portero muy majo que siempre saluda y demás.

En el que la vida cambia en un segundo

Me hubiera gustado haber podido escribir a finales de la semana pasada pero por temas personales me ha resultado imposible. He llevado unos días desordenados y estresantes aunque las aguas siempre vuelven a su cauce, más tarde o más temprano y más deprisa o más despacio, pero vuelven. Estos días pasados son los que me llevan a escribir esta entrada.

La vida te puede cambiar en un segundo. Todos sabemos eso. Muy Pocos somos conscientes. Me doy cuenta de que hacer planes es una pérdida de tiempo, y eso que yo soy era de las de planearlo todo. De hecho, si puedo, te planifico la vida a ti también. Vivir tachando los puntos de una lista de cosas por hacer, un horario organizado y en martes, estar segura de que el viernes noche tienes plan. ¡Qué maravilla! Aunque dentro de mi bipolaridad, públicamente reconocida, los mejores planes son los que surgen de la improvisación. Y los peores también.

Seguramente, una de las pocas certezas que tendremos todos siempre es que no hay nada garantizado. A menudo, damos personas o cosas por perdidas y de la noche a la mañana, han vuelto a nuestro lado. Un día tenemos la seguridad de estar donde queremos estar y al día siguiente, por cualquier motivo, acabamos en otra parte del mundo, sintiéndonos incluso más felices. Ejemplo práctico: una pareja no puede tener hijos, adoptan, se relajan, ella se queda embarazada de gemelos. Y estas cosas pasan. Supongo que, como dice mi amiga María, hay que dejarse fluir. Y si me preguntáis directamente, no me decido entre si la incertidumbre es algo bueno o es  algo malo. Tampoco hace falta dedicarle mucho tiempo a ese debate porque no cambiará el hecho de que sea real, no caeremos en las horas-error del tipo 1.

Probablemente, el hecho de que exista la posibilidad de que todo acabe, haga que los afortunados que son conscientes de ello, disfruten mucho más de lo que les rodea y sucede, e incluso sufran menos cuando algo duele porque saben que eso también pasará. La verdad es que todo pasará, lo bueno y lo malo, y muchas otras cosas vendrán, también buenas y malas. Y aunque sea así, siempre haya sido así y siga siendo así, creo que nunca conseguiré dejar de asombrarme con que mi vida entera, lo que esperaba de ella y lo que pudiera haber sido, cambie con una palabra, un gesto o una decisión, pero en definitiva, en un segundo.